El tercer encuentro Dustero tuvo lugar en el Faro Querandí los días 17 y 18 de Marzo.
Algunos tomamos como punto de partida Atalaya en Chascomús y luego de un típico desayuno del lugar partimos hacia el encuentro con el resto del grupo en un hotel en Valeria del Mar.

Check-in, presentaciones, un pequeño briefing sobre las actividades, combustible y se armó la caravana hacia la bajada de la calle 47 en Mar Azul liderada por Charlie y su esposa en una Toyota SW4, quienes desinteresadamente oficiaron de guías y pusieron toda su experiencia a disposición de los Dusteros, en su mayoría, sin experiencia previa en la arena. Cerrando la fila iba Vanyi en su Suzuki Vitara acompañado por Gioser y sus respectivas compañeras. Entre la SW4 y la Vitara, 15 Duster de las cuales 4 eran versiones 1.6 de tracción simple.
Copando la 47 ya en Mar Azul, nos concentramos en calibrar los neumáticos en 18 libras para entrar a la arena, a lo que se sumó el ajuste de las radios para estar todos al tanto de cualquier novedad. La bajada estaba bastante bien pero no fue suficiente como para no contar con las intrucciones de los dos expertos. Empezaban las primeras emociones.

Ya en las playas de Mar Azul, el grupo se tomó unos minutos para escuchar las indicaciones y recomendaciones del líder. Primero Charlie, luego las Duster de tracción simple, detrás las 4×4 y Vanyi dando el “Todo OK” desde atrás fue el orden elegido para transitar por la arena floja en dirección al tan anhelado destino. Una caravana de Duster de toda la gama de colores y modelos que dejó mirando a más de uno.
Fue muy especial el momento en que por la radio se escuchó “Señoras y señores, miren a su derecha, ya se ve el faro”. La sonrisa fue común a todos los pilotos y acompañantes. Unos minutos más y Charlie detiene su SW4 y empieza a hacer alinear a uno al lado del otro. El sueño de muchos se había cumplido, el Faro Querandí estaba a nuestras espaldas.

Ahí mismo quedaron dos Duster tracción simple y el resto encaró de a uno y asistidos por Pablo, Charlie y Vanyi el primer pasaje por los medanos para acercarnos al Faro, a almorzar. Como era de esperarse, buenísima onda de parte de todo el mundo e interesantes intercambios de experiencias en distintos viajes.
Finalizado el almuerzo “familiar” caminamos apenas unos metros para sacar fotos al faro. Grande fue nuestra
sorpresa cuando vinieron los encargados del lugar y, aunque no pudimos subir, nos permitieron ingresar donde aprovechamos a sacar más fotos.
Volvimos a las Duster, hicimos algunas fotos grupales, nos matamos de risa con el juego del huevo y para cerrar se entregaron obsequios de Renault Argentina. Lo que no podía faltar, era la foto de las Dusteras en honor al aguante de acompañarnos. No recuerdo de donde salio el rumor, pero se dice que algunas de ellas dieron lecciones de conducción en la arena.

Y tal vez el momento más esperado por la mayoría, la hora de ir a los médanos. ¿Sería edición de computadora lo que se veía en los videos de la Duster en la arena?. ¿Es tan buena cómo dicen?. ¿Me quedaré colgado en la primer subida? Las incógnitas estaban planteadas, ahora había que despejar dudas.
Una vez más hay que destacar la solidaridad de Charlie y su esposa, mandándose adelante y buscando los caminos y medanos ideales para pudiéramos disfrutar a pleno lo que estábamos a punto de hacer. Los primeros pasos fueron acompañados de varios manojos de nervios pero a medida que las dificultades se iban sorteando pilotos y acompañantes se notaban cada vez más relajados.

Hubo de todo, trepadas, bajadas empinadas, vueltas, tramos de arena muy floja y el comportamiento de las Duster dejo asombrados a todos, inclusive a aquellos que tenían experiencia en el uso de vehículos 4×4 y a los felices poseedores de fierros de categorías y prestaciones de mayor consideración.


Después de un buen rato de diversión emprendimos el regreso hasta que Charlie sugirió visitar un lugar que tenía marcado en el GPS como “mate”. Nuevo rumbo: Cariló. Casi llegando, subimos un medano increíble, especial para subirlo fácilmente y con lugar para todo arriba.

El premio de la tarde fue ver el atardecer desde ahí. Ahora si, el destino era ese especial y casi secreto lugar. Un sueño, indescriptible. Mates, los Dusteritos meta iPad y nuevamente amenas charlas de grupo.

Para cerrar el paso por la arena Pablo subió dos pasajeros en su Duster 4×4 y se fue a “hacer pared”. No hace falta aclarar que los tres volvieron felices. Según Pablo, el desempeño de la Duster fue estupendo, sobró potencia, no hizo falta patear el embrague y en todo momento se mostró sólida y completamente subordinada a los mandos del piloto.
Ya de noche, y antes de volver al hotel para prepararnos a compartir una cena Dustera, cerramos el día dando vueltas y tocando bocina al rededor de la rotonda de Valeria.
Si tengo que transmitirle a alguien lo que fue esa experiencia Querandí, dudo mucho que me salgan las palabra exactas. Lo mejor, fue haberlo vivido.
